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  • Última modificación de la entrada:15/04/2026

 

 

Soplar el polvo de una maleta olvidada
y encontrar bajo el cuero desgastado,
un brote verde que insiste en buscar el sol…

Dejar la ventana entreabierta,
aunque el frío todavía muerda,
y aflojar el puño que guardaba el ayer
para dejar que el aire nuevo inunde la piel.

Es entender que la cicatriz  ya no es herida,
sino el rastro de haber navegado tormentas;
que el musgo sabe encontrar su camino
incluso en las grietas de una pared olvidada.

Entonces, el peso en los hombros se hace alas.
Ya no hay que retener lo que se fue,
sino abrir las manos, dejarlas vacías,
para que la luz de la mañana
pueda, por fin, llenarlas de nuevo.

Porque la esperanza no es un grito,
es el silencio valiente de quien,
tras haberlo perdido todo,
se atreve a desatar los nudos de su nombre
y empieza a caminar, sin mirar atrás,
por el jardín que nace bajo sus propios pies.

Rovica.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Un poema esperanzador y sanador, que muestra cómo soltar el pasado permite renacer y volver a caminar con luz propia.

    Saludos cordiales.

    1. Rovica

      Hay una valentía inmensa en el acto de soltar; no es solo dejar ir, es hacer espacio para que nuestra propia luz finalmente tenga donde brillar. Muchas gracias Lincol. Un abrazo amigo.

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