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  • Última modificación de la entrada:14/02/2026

 

 

 

El 14 de febrero, también conocido como el glorioso, rosado y empalagoso Día de los Enamorados, o para los más clásicos, el día de San Valentín, es esa fecha del calendario en la que el amor…y el marketing… florecen al unísono.

Cuenta la tradición que San Valentín casaba en secreto a parejas enamoradas cuando el romance estaba prohibido. Un héroe. Un rebelde. Un romántico empedernido. Lo que probablemente no imaginó es que siglos después su noble gesto acabaría convertido en una estampida anual hacia las floristerías, donde las rosas duplican su precio con la misma pasión con la que se prometen amores eternos.

El Día de los Enamorados tiene reglas no escritas:

Si tienes pareja, debes demostrar que tu amor es medible en gramos de chocolate.

Si llevas más de cinco años juntos, negocias el nivel de intensidad del festejo como si fuera un tratado internacional.

Los restaurantes se llenan de parejas mirándose fijamente a los ojos… o al menú de precios especiales. Los escaparates se tiñen de rojo pasión. Los osos de peluche, criaturas que nadie pidió el 13 de febrero, aparecen misteriosamente por todos lados el 14. Y todos recordamos que el corazón, anatómicamente, no tiene forma de corazón, pero eso nunca ha detenido a la industria de los globos.

Sin embargo, en medio del sarcasmo y las reservas agotadas, hay algo entrañablemente humano en esta fecha: la necesidad de detenernos un momento y decir “me importas”. Aunque sea con un meme, una cena improvisada o una caja de bombones estratégicamente comprada el día 15 con descuento del 50%.

Tal vez el verdadero milagro de San Valentín no sea el martirio ni las bodas secretas, sino lograr que, al menos una vez al año, intentemos ser un poco más atentos, un poco más cariñosos…y un poco más organizados para no olvidar la fecha.

Porque al final, entre globos, chocolates y declaraciones sobreactuadas, el amor real, cotidiano y menos fotogénico, sigue haciendo su trabajo en silencio. Y eso, con o sin cupón de descuento, sí que merece celebrarse

Rovica.

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