Somos esas veces que nos quedamos inmóviles frente a la puerta de quién nos dice adiós, sin darnos cuenta de que hacía mucho tiempo que nos habíamos ido.
Creo que cuando la cabeza es una dictadora de put* madre, el corazón un día cualquiera da un portazo y se pira. Lo jodid* es que no lo sabes, hasta que te das cuenta, que la paz no es aburrimiento, es vida
No quieres un beso por delante y una puñalada trapera. Aprendes que un dolor con entrenamiento no anestesia. Te apetece no compartir vestidor. No te interesa ser una de las destinatarias de unos buenos días reenviado muchas veces y, por supuesto, no hipotecas tu vida, a ese «tipo» variable que está mostrando, un 0% de interés.
Rovica.


