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Hoy, desde El Rincón de Rovica: Carta a los Reyes Magos. Querido rey sin reino pero con mucha magia… Este año he sido buena, he sido indecisa, orgullosa, maleable, implacable, gris y brillante. Me he abierto, me he cerrado, me acercado y me he alejado. He querido, he sentido que podía y, todas, todas la veces, he podido.

Este año he sufrido de envidia pasajera, de la buena y de la sana. He confiado en ojos nuevos y he abrazado momentos inabarcables. He reído y he llorado, y la media de todo me ha dado cero. Porque este año ha sido un volver sin volver, un empezar lo que nunca terminó. Un encontrar lo que creí perdido y siempre estuvo ahí (¿dónde?), dentro de mí.

Buena, he sido razonablemente buena con los otros y lo bastante buena para mí misma. Buena, muy buena, y por eso te digo, que no te pido lo que me merezco bajo mi árbol. Me merezco la magia de incontables momentos de esos que una solo puede atesorar. De los que se merecen un pase tras otro en la ‘sesión golfa’ de la memoria, al caer la noche. De los que dejan huella y sonrisas.

Me merezco paz y (des)orden. Las penas justas para aligerar la felicidad, que a veces pesa por lo que es y puede dejar de ser. Las sombras exactas para apreciar la luz y entender que a veces lejos es cerca, ayer es hoy y mañana es siempre.

Me merezco tu voz en estéreo. Y acampar de vez en cuando en tu pasado. Colonizar tu futuro beso a beso, truco a truco. Entender que no tienes trono ni reino. Ni incienso, ni mirra, ni camello. Pero eres mágico y cabes de lleno en esta Navidad. Y qué sería de la vida sin magia. Qué lugar tan oscuro, que existencia más absurda. Qué trampa más sucia buscarle a la magia los tiempos, los porqués, las respuestas absolutas.

Como te digo este año he sido buena. Tanto que merecer ya no es el verbo. Tanto que lo que quiero y lo que tengo se dan la mano a cada paso, por trémulo que sea.

Este año, sobre todo, he sido yo. Y he dudado, y me he enfadado, y no he entendido, y no he sabido. Pero siempre he creído en la magia, aun cuando no sabía dónde encontrarla, siempre he sabido que llegaría(s).

Querido rey mago sin nada excepto tu magia, sin nada excepto lo que regalas sin saberlo. Olvida todo lo que merezco. Olvida esta lista, esta carta, esta sonrisa que habla por los dos. Olvídalo todo y tráeme sólo una cosa, un pequeño obsequio. Algo importante y vital al mismo tiempo… Tráeme salud, ilusión y alegría para mí y para todos los míos, y  las ganas otro año más, de ser la buena de mi película.

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