Quien manipula, traiciona o hiere desde la soberbia o ambición suele creer que ha tomado ventaja confundiendo el silencio o la paciencia ajena. El daño que se inflige a otros suele vivirse como una victoria efímera. Sin embargo, ignora la maquinaria silenciosa de la vida. Al final, la soberbia y ambición ciega al manipulador, impidiéndole ver que lo que ha ganado a corto plazo no es ventaja, sino la pérdida de la confianza y el respeto de los demás.
Como bien se dice: «El que cree que ganó traicionando y haciendo daño, no conoce las reglas del tiempo…El tiempo nunca tiene prisa, pero tampoco olvida». La verdadera justicia no siempre hace ruido de inmediato; a menudo se toma su espacio para desenmascarar mentiras, poner a cada quien en su lugar y cobrar las facturas pendientes.
A la larga, las victorias construidas sobre las ruinas ajenas se derrumban solas, mientras que la paciencia de quien resiste con la verdad se convierte en su mejor aliada. El tiempo es implacable, tarde o temprano cobra un precio y equilibra la balanza.
Rovica.


