Cuando la vida duele,
cierro los ojos
y camino hacia tu ausencia,
porque incluso lejos
sigues siendo presencia.
Te amo con nostalgia de infinito,
donde el cielo guarda memorias,
con la fe de quien sabe
que el alma no se equivoca
cuando elige su destino.
No te amo por un instante,
te amo por todos los momentos vividos.
Por los que fueron,
por los que aún laten en el tiempo,
y que todavía nos pertenecen.
Eres mi siempre,
mi horizonte sin despedidas,
el poema que mi alma escribe,
sin fecha de caducidad.
Te amo como el río ama al tiempo,
sin prisa, sin pausas,
sin memoria del final.
Te amo como el cielo guarda estrellas,
aun cuando amanece.
Eres la brújula secreta de mis días,
el faro que enciende mis naufragios,
la música que mi silencio
aprendió a cantar sin voz.
Mi amor no camina, florece.
Se vuelve raíz en las tormentas,
se hace ala cuando la vida pesa,
se convierte en sol
cuando la sombra quiere entrar.
Amarte es escribir con luz
más allá de la piel del tiempo,
es sembrar mi nombre en tu destino
y ver cómo germina
en la eternidad del alma.
Cuando el tiempo nos separe,
no será despedida,
será espera.
Porque hay amores
que no terminan en la tierra,
sino que continúan
donde empieza lo eterno.
Rovica.


