En un mundo donde a menudo se persigue lo que falta, cultivar el agradecimiento nos recuerda que ya poseemos mucho, y que la verdadera riqueza no está en acumular, sino en reconocer y honrar lo que se nos ha dado. El agradecimiento no es solo un sentimiento pasajero, sino una disposición profunda del espíritu.
Decir: “hoy por ti, mañana será por mí” o “gracias” no es únicamente un acto de cortesía, sino una disposición profunda del espíritu. Reconocer y agradecer lo que recibimos, sea de la vida o de las personas, es el primer paso hacia la dignidad del ser humano. Por eso se dice que el agradecimiento es la madre de todas las virtudes: de él brota la paciencia, la generosidad, la esperanza y la humildad.
Quien sabe agradecer aprende a vivir con plenitud, porque descubre que cada instante es un regalo y que, es de bien nacidos ser agradecidos .
Rovica.


