• Autor de la entrada:
  • Categoría de la entrada:Mis Escritos
  • Comentarios de la entrada:2 comentarios
  • Tiempo de lectura:2 minutos de lectura
  • Última modificación de la entrada:17/12/2025

 

 

 

Todo empezó en el bonito y nevado pueblo Villa Quetejodan  cuando Don Paco, el vecino obsesionado con las luces navideñas, decidió que su casa debía ser visible desde la Luna. Colocó 4.238 luces, un reno inflable de tres metros y un Papá Noel que bailaba reggaetón. Todo en sincronía con música a todo volumen.

Al mismo tiempo, Doña Matilde, del segundo piso, estaba feliz horneando galletas de jengibre “con sorpresa”. La sorpresa era literal: cada galleta dentro tenía una chispa de fuego artificial.

Mientras tanto, los niños del barrio muy contentos decidieron hacer una guerra de nieve… pero con bolas de nieve rellenas de pintura fluorescente. El perro del vecino, confundiéndose con un reno, empezó a perseguir su propia cola mientras saltaba sobre los niños, que gritaban y resbalaban.

En ese momento, el gato del vecino, “Bigotes”, decidió que era el director de villancicos oficiales, así que se subió al tejado y empezó a maullar “Jingle Bells” con un tono completamente desafinado. Los vecinos afirmaron que era más aterrador que un disco de heavy metal.

Y, como si todo eso no fuera suficiente, alguien encendió accidentalmente las galletas explosivas. Y mini fuegos artificiales comenzaron a salir de la cocina, lanzando chispas hacia el árbol, que, sorprendentemente, empezó a girar como carrusel por efecto del gato que, en su salto, había derribado la base.

La abuela Gertudis, que estaba tomando fotos de todo para Instagram, terminó atrapada en la silla giratoria del comedor que daba vueltas sin parar, mientras gritaba:
-¡Esto es la mejor Navidad de mi vida!

Finalmente, cuando parecía que la casa iba a despegar a toda máquina hacia el espacio, todos corrieron afuera y se encontraron con que el reno inflable de Don Paco había explotado y aterrizado justo sobre el buzón de correo, bloqueando la entrada mientras los niños seguían peleando con bolas de nieve fluorescentes.

Al final, todos se abrazaron en el jardín, cubiertos de nieve, pintura y polvo de galleta con fuego que no quema pero pica. Don Paco levantó su vaso de sidra y dijo:
-Brindemos por la Navidad… la más memorable y la más divertida de la historia…(🤔¿no?)

Y el gato, desde el tejado, con sonrisa picara, maulló un último villancico, probablemente planeando su próximo concierto de caos navideño 😜.

Rovica.

Esta entrada tiene 2 comentarios

¿Te ha gustado? ¡Pues ahora te toca comentar!