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Hoy, desde El Rincón de Rovica: Página en blanco… Cuando te observo en realidad veo una página de papel en blanco y sin quererlo me entra ese pánico, que sólo entiende quien sabe lo que es escribir a diario y un día de repente creerte que ha olvidado cómo se hace. Contigo me pasó desde el principio de los principios. Parecías alguien lejano, diferente y totalmente opuesto a mí. Reías levemente y hablabas con don de palabra, te movías con soltura e inteligencia alrededor de todo, tu sonrisa era especial, ni muy amplia ni muy pequeña, simple, especial y discreta, como todo aquello que salía de tu boca.

Con el tiempo he podido apreciar que tus actuaciones son brillantes y, a la vez, para ti son sencillas y racionales. Haces lo que debes. Es cierto que hablas con todo el mundo, pero como me dices a veces, cada persona es un cuadro pintado por un autor de un tiempo distinto, tú maniobras la conversación y esta pasa del blanco al negro en un instante acariciando el resto de la paleta con sutileza.

Tú, como un mago hábil, sabes mover el centro de atención a tu antojo, permaneciendo siempre bajo un velo de misterio que pocos a veces logramos entender. Tú, callado y racional, te vuelves loco contando mil anécdotas para luego sumergirte en un silencio profundo y distante que a veces me ahoga…

Tú, tranquilo y optimista, me sacas de mi ahogo con un beso lleno de calma, sin darte cuenta de que, a veces, es esa misma calma es la que me ahoga aún más.

A ti, que te conocí cuando más perdida estaba, cuando más necesitaba una mano amiga que me sacará de mí, para demostrar que no era solo esa figura de humo que se desvaía a la sombra de la multitud.

A ti, que aún hoy nos quedamos a veces en silencio, mirándonos, tú perdiéndote en mí y yo intentando encontrarme en cada escrito que sale de mis dedos…

A ti, que has estado cuando yo no te veía y a veces incluso cuando no te deseaba ver. Tú, que nunca renunciaste, incluso el día en el que yo quise pasar la página y sin haber escrito ni una sola frase.

Pero hoy esto va por ti, que después de enfrentarme a tú página en blanco que ya ha pasado a ser la nuestra, sólo deseo empezar a escribir sobre ti, sobre mí, sobre la magia y complicidad que siempre despertamos cuando estamos juntos…

Núria Dot.
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