Acostumbrarse al frío es otra forma de morir sin que nadie lo sepa,
un lento olvido que camina sin zapatos,
andando las distancias que nadie quiere medir,
guardando los «te quiero» en el recuerdo de los retratos.
Esperar en silencio es callar la propia vida,
mientras el sol se viste de un cielo azul perfecto
y nos mira pasar, con el alma dolorida,
buscando en el espejo nuestro propio defecto.
Hay demasiada gente atrapada en el umbral,
con el miedo en la mano y la puerta entornada,
temiendo que el abrazo cure al fin el viejo mal
o que la noche vuelva a dejarlos sin nada.
Pero el error más grande no es caer en el camino,
sino creer que el dolor no nos viene a sanar;
el corazón no muere por mandato del destino,
sino el día amargo en que deja de intentar seguir.
Hay que aprender a irse, a soltar lo que termina,
a escuchar los silencios de quien calla al pasar,
y entender que la herida que hoy nos encastilla
es solo la antesala de volver a empezar.
Para encajar las manos cuando llegue el momento,
y mirar el ocaso sin reproches ni prisa,
sabiendo que vivir es sentir el elemento
y descubrir, al fin, que el dolor se hizo sonrisa.
Rovica.



Muy bonito, saludos para ti.
Muchas gracias. Me alegro de que te guste Marcos. Un abrazo amigo🌼😊