En el pentagrama de mi vida…
Vivo de gotas de emoción.
Soy, a veces, de acero forjado;
otras, frágil cristal que se rompe en mil pedazos,
que, como un puzle, se rehace poco a poco,
con paciencia, fortaleza y sin rencor.
Soy fuego vivo de sentimientos
que fluyen desde el alma
y nacen del corazón sin condición.
Soy un alma que, en silencio,
aprende cada día a mirar la vida de frente,
firme y sin temor.
Soy un mar revuelto
que el dictado del pecho me enseña a caminar.
Y en esa marejada constante,
entre olas de duda y destellos de certeza,
aprendo a flotar cuando el viento arremete
y a navegar en calma cuando cesa la tempestad.
No hay mapa perfecto para este viaje,
solo la brújula interna de lo que siento:
un latido terco que nunca se rinde
me dicta el rumbo a cada paso.
Porque ser tormenta también es estar viva,
es sentir con fuerza, sin miedos ni frenos,
y entender que, hasta en el mar más profundo,
siempre hay una orilla esperando por mí.
Rovica.


