Entendí que las flores no se piden, el tiempo no se ruega y los detalles nacen, porque lo genuino nunca se arranca a la fuerza ni se arrastra con súplicas.
Las flores que llegan sin aviso tienen un aroma distinto, son regalo del alma y no del compromiso.
El tiempo que se comparte sin excusas es el verdadero, aquel que vale más que cualquier tesoro.
Y los detalles, esos gestos que brotan sin esperar nada a cambio, son la prueba más pura de que alguien piensa en ti desde la sinceridad.
Al final, comprendí que lo auténtico no se exige: se da, se siente y se agradece.
Rovica.


