Hay dos tipos de orgullo. El «orgullo bueno» representa honra, decencia, nobleza, grandeza y autorrespeto. El «orgullo malo» es el pecado mortal de la superioridad que apesta a indignidad, vileza, soberbia, altivez, presunción, arrogancia, deshonra. Una persona debe ser suficientemente grande para admitir sus errores, lo suficiente inteligente para sacar provecho positivo de ellos, lo suficiente fuerte para reconocerlos y aprender a corregirlos…El orgullo sano protege nuestra dignidad y amor propio, mientras que el orgullo tóxico nos encierra en la soberbia y el rechazo a la verdad, actúando como una coraza que nubla el juicio, transformando la seguridad en una necesidad inflexible de tener siempre la razón.
Rovica.


