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Hoy, desde El Rincón de Rovica: Frío como un Iceberg. Una relación basada en la ternura tiene más posibilidades de ser armoniosa y estable, que otra en que la “chispa” o  “feeling” se ahogó en la monotonía, en la desilusión y donde ya no hay nada que compartir, ni siquiera una conversación.

Cuando hay una intención mutua por ambas partes de comunicarse, comprenderse, dedicarse tiempo, sustentar las palabras afectuosas con detalles, por muy pequeños que sean, cuando se lucha con ilusión por la felicidad recíproca y todo lo que puedas hacer para mantener vivo el amor, hazlo.

Un “te quiero”, un roce de manos, un “estás bonita” o un “te amo, deseo y confío en ti hoy más que nunca”, un beso al despedirse, no uno apasionado, más bien dulce y tibio, pero suficientemente extenso como para dejar tu perfume en su cuello… eso sí que hace vivir y enamorarte cada día más.

Estar junto a alguien que no sepa amarte es una señal inequívoca para huir y seguir adelante con tu vida, ya llegará quien si te amé como lo mereces y de manera natural, no por compromiso o conveniencia.

Tal vez, al iniciar una relación con alguien, la novedad y el deseo sean más fuertes y te haga pensar que tú puedes cambiar a esa persona fría. Pero es común ver, que los cambios son solo temporales y activados por el miedo a perder la compañía del otro. Existirán casos excepcionales donde puedas presenciar una metamorfosis total: “antes era un cubo de hielo y ahora me rodea con la calidez de su ternura”. Sin embargo, la frialdad suele ser reincidente y agotadora. Podrías pasar toda una vida esperando una caricia, un abrazo, una palabra de afecto o una muestra de cariño mientras luchas en soledad por la relación. Eso no es vida.

Podría llegar a ser muy frustrante y difícil ser tú la parte expresiva de la relación, mientras tu pareja se cubre (y te cubre) de escarcha con el paso de los días. El amor debe existir en los dos, si tú remas y remas sin ver que la otra persona te ayuda, llegará un momento en que tus fuerzas se agotarán.

Cultivar una relación basada en la frialdad, sin mimos, sin caricias ni sonrisas, produce a la larga desamor. Esto puede llegar a ser doloroso. Quien siente la indiferencia, si mantiene una actitud pasiva, terminará por acostumbrarse a la soledad; quien es indiferente, vivirá tanto tiempo en ausencia de afecto que, al reaccionar, será demasiado tarde.

“Esperé tantos años, detalles y tiempo que finalmente me acostumbré a la soledad y hoy esa persona hace todo lo que no hizo en años y, por más que quiera, todo lo que siento es indiferencia”.

Las relaciones de pareja funcionan como balanzas, cuando uno de los dos da más mimos, cariño, amor, ternura y atenciones que su pareja, se sentirá menos querida, correspondida o amada, al final, será consciente que es mejor terminar esa relación, porque no le conviene. Es necesario equilibrar la balanza. Cuando se ama, es fundamental ser sinceros y honestos desde el principio. Es mejor un dolor fuerte de entrada, que toda una vida bajo la pena del engaño.

Recuerda que solo existe una vida, ¿la vas a dejar pasar así nada más? ¿Junto a alguien que ya no quieres o que ya no te quiere? No es un delito dejar de sentir algo por alguien, estás en total libertad de hacerlo, pero sí es un error estar junto a alguien en una relación nada constructiva, sin amor, atención, detalles, sumergidos en la monotonía de las “parejas por compromiso”, cuando puedes dar por terminada esa relación tóxica, disfrutar de tu soledad por elección, en tranquilidad emocional y abrir las puertas a la vida. Es mejor disfrutar tu propia compañía a plenitud hasta que llegue la persona con quien realmente puedas ser feliz. Concédete el tiempo que necesites para aprender a vivir el amor saludablemente.

Walter Riso
Phrònesis

 

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